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escribir



hizo lo que tenía que hacer
o, mejor dicho, creyó hacer todo lo que debía
agarró la cucharita para revolver el café
la puso a un costado, pensó
que ahí no molestaría ni lo distraería
sorbió café como quién indaga
con el gusto una textura y una imagen

esperó

a veces pasa, no es tan fácil
por momentos se ve a sí mismo
desde arriba a la izquierda
sentado de espaldas / una lámpara
refracta su luz a unos pocos centímetros
el escritorio sobre el que apoya los codos
por momentos vuelve al símil
hoja en blanco que devuelve la pantalla

entonces tecleaba y un zumbido rítmico
acompañaba el crecer de las palabras
era como volver a esos lugares de chico
una idea difusa y concreta
un olor al acecho
un tono de luz
la fachada de una casa
un galpón abandonado
era volver a un viaje sin camino de vuelta
era caminar la búsqueda de una palabra
que se abre como indicio

era escribir
así, agazapado, esperó

una paciencia forjada en todas las batallas
perdidas de antemano contra la ansiedad
un esperar activo, de reojo, tenso
en el fluir lento del tiempo que produce el silencio.


federico iglesias

no te quedes

"No te quedes inmóvil 
al borde del camino"


que esta época no te agarre solo
ninguna, pero esta menos
hay épocas y épocas

esta no es una época para perder el tiempo
ninguna, pero esta menos
un designio de los mercachifles de la imagen
una sucesión de errores adrede y de los otros
cocinado a fuego repetido

esta no es una época para distancias
ninguna, pero esta menos
encontrar el lado salvaje significa volver
a la calle y el grito, "la joda"
mejor que te amasije, transforme, y no te pase de costado

esta no es una época para el desaliento
ninguna, pero esta menos
ahora resulta que otra vez, bigotitos al acecho
nos dicen esto no, lo otro no, está prohibido
la represión de la alegría, una revancha de clase

esta no es una época para la palabra ligera
ninguna, pero esta menos
batalla de la conversación frente al monólogo del poder
decir implica denunciar y contar obliga a convencer
que no, que esto así no va, lo aprendimos con la sangre

esta no es una época para el olvido
ninguna, pero esta menos
a contra pelo del reloj esos ropavejeros del tiempo
que nos dicen del pasado las preguntas de hoy
nos obligan a la acción de la respuesta

esta no es una época para el silencio, para estar solo
para perder el tiempo, para distancias, desalientos
para la palabra ligera, para el olvido
esta no es una época para dejar de escribir



federico iglesias

un mundo ancho y ajeno


esa angustia ontológica, búsqueda
de identidad sin reposo
ni tregua para quitarse el destierro
de encima el sujeto colectivo

una rumia que surge y reanuda su trabajo
la mirada sobre el qué y el cómo
consistencia, contenido y forma
existencia en carácter de gentilicio

topos obsesivo de una letra
variada en gamas y especialidades
que hurga con lupa
ese rasgo original y propio
proyecto y doctrina de acción
destino inagotable
entre la esperanza y el desengaño

una cifra de los desvelos comunes
intelectuales de exilios y peregrinajes
alimentados por la diferencia
o contraposición a la alteridad
opresora, génesis de esa búsqueda

punto de partida, emancipación fragmentada
por usurpadores legítimos, blancos
la epidermis del lenguaje subsiste
heterogénea y dramática
en la semejanza de un desarraigo
dialecto y derivación, atados con cadena:

latifundio y subdesarrollo
el cura corrupto
los indios explotados
el despotismo del hacendado
la represión del ejército
el orden oligárquico
un mundo ancho y ajeno




federico iglesias

el que ya no es



Ya no

soy inmaduro
inseguro
celoso
soy ansioso
vehemente
impulsivo
soy obsesivo
curioso
lanzado
soy apasionado
impaciente
miedoso
soy atolondrado
sensible
arriesgado

amé una piedra y morí en el intento



federico iglesias
enero 2015

el candidato


lo adulan
agasajan
les agrada
el bailar del agua
y lo alaban
atraídos
blanden el bombo
catequistas de la coba
y los complace
conquista
lo contemplan
hacen coro
encantusan y engatan
enjabonados los labios
como escopetas
festejan
su reír las gracias
o hacerse con halagos
incesantes le dan
jabón, jalea,
jonjaban la gota
y tiran de la levita
la mano por el lomo
lo miman
obsequian
le regalan el oído
(los oídos)
dan palmadas
en la espalda
y la rosca que lo alimenta
gira al compás
del sol que menos calienta.


federico iglesias
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la trampa


hoy caíste en la trampa que no es
una manera de saltar la página
y un ahora que no encuentra su después
(largo rato en la cama boca arriba)
te dice del tiempo:
ni palabras ni conceptos
es decir efectos de una decisión
el impulso, la fuerza del mover
se acumula o sedimenta en capas
que son parte de la trampa



federico iglesias

no vivo en la trinchera pero sí



en el espacio en que se libra
se redime despacha gira
extendida como el todos los días

la guerra que no puede
llamarse así misma guerra sino
por quién vive en la trinchera
y huele humedad pólvora barro

de otros cuerpos que me urgen
en la zanja de avanzada
ese lugar que establezco
un talud y pedrero en el tiempo

que se hace piel con los años
en los pliegues que son a la vez
expresiones de esa guerra
cicatrices acumuladas, muñones

el corte abrupto y peligro
el azufre que se parte
las manos que no inventan
afuera es distinto a veces, igual

por eso la búsqueda
en el tiempo el trabajo, caminar
extendida como el todos los días
que no vivo en la trinchera pero sí



federico iglesias

algo

"algo en su interior, como la carcoma al mueble, roe por anticipado su expectativa ante toda posible intensidad, lo cual explica un poco sus ausencias y sus silencios..." / Saer, Glosa, 1986.


situado, alojado en el estómago
pero en sentido no fisiológico
sino más bien en la otra cara
de su doble constitución

designa una cosa que no se quiere
o no se puede nombrar,
una cantidad o intensidad indeterminada
es una parte, un poco, nunca del todo

para dejar de ser algo tiene que
asumir un rostro y carácter
nombrarlo y sobrevivirlo
pero vuelve y se escapa, o mejor dicho

vuelve y se aloja ahí  
ese péndulo que va y viene
en direcciones encontradas
los sueños son un indicio

empecé por uno repetido: los aviones
la imagen que mis sueños se hacen
metáforas de una coyuntura
que me habita como dueño

la puja entre uno y su doble
en otro lado, la esquina y el paredón
un cementerio y coincidencias del tiempo
mas no del espacio y viceversa.




federico iglesias

II


¿oíste bien?
nos vamos
con el fracaso a otra parte
el descarrilamiento a otra parte
este cuerpo a otra parte
otros atardeceres
vendrán a la rastra conmigo
un mate, o mejor dicho
otro mate
y otro termo también
otredades cotidianas en la mochila
cierro puertas y ventanas, la llave
de gas, apago las luces
sin preguntar la hora nos vamos
¿oíste yo?
con todo lo que me sobra
y me falta
con todo lo que dejo
un pedazo de mis vísceras
un dolor en el pecho
           



Junio 2004
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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.